Ahora bien, sin demeritar la claridad que arroja esta primera implementación de las TICS en el cyberespacio museal, es preciso referirse a la inevitable oscuridad que las acompaña. Voces críticas y oportunas pueden aportar reflexiones a tener en cuenta. Para comenzar, nos referimos a un estudio realizado en el 2005 por Dosdoce.com (revista digital) en España, para el conocimiento de la comunicación en el sector de la cultura: “El papel de la comunicación en la gestión de espacios culturales”. Este estudio analizó cómo afectan a los museos tradicionales y nuevos centros de arte contemporáneo los cambios que se están produciendo en las estrategias de comunicación, en diferentes espacios como: la Fundación Tapies, Museo Thyssen, Museo Guggenheim, entre otras. El estudio arrojó los siguientes resultados:

La mayoría de estas instituciones apunta sus estrategias a la obtención de cobertura mediática en los principales medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y TV). Utilizan el modelo de comunicación unidireccional de la información y no tienen en cuenta los cambios de hábito de lectura que han tenido lugar en los últimos años en España, que muestran la disminución del porcentaje de lectores de medios impresos y el incremento del de los lectores digitales.

Pocas instituciones tienen la capacidad de medir el impacto real y directo de la cobertura realizada para sus actividades.

Aunque todos los museos contaban con página Web, son pocos los que han desarrollado nuevos canales de comunicación directa con sus públicos como: blogs, revistas digitales, foros para conversar con el curador, entre otras, habida cuenta que estos mismos medios lo ofrecen.

Estas entidades no realizan actividades concretas de comunicación con segmentos de la sociedad –inmigrantes y adolescentes- que se sienten ajenos al discurso institucional.

Casi ninguna utiliza sus bases electrónicas de datos para establecer una conversación pública entre el emisor y los receptores sobre la información enviada.

Ninguna institución incluye en sus páginas Web las críticas sobre sus actividades publicadas en los medios (prensa, radio y TV), ni establecen enlaces directos con estos medios para facilitar la lectura del visitante.

La mayoría posee tiendas donde se venden catálogos y artículos de ‘merchandising’ pero, pocas ofrecen a sus visitantes más información como librerías que los remitan a la bibliografía relacionada con los artistas o temas expuestos.

Con respecto a los críticos de arte se detectó que también, son los curadores de las muestras. Los públicos asienten la crítica de la exposición y pocos son los que piden que sean realmente críticos.

El correo electrónico y el teléfono de información no son medios directos con la institución o sus responsables; son un correo genérico y una central telefónica. Esto genera desconfianza hacia la institución.

Un segundo estudio de esta misma revista digital: “Las nuevas tecnologías Web 2.0 en la promoción de museos y centros de arte”, se realizó en 2006, con el fin de descubrir de qué manera los espacios culturales están incorporando las nuevas tecnologías en sus estrategias de comunicación y en la promoción de sus exposiciones y actividades culturales. Estas tecnologías, derivadas de la llamada Web 2.0, son los blogs, la publicación de contenidos, las descargas de archivos sonoros, la creación de redes sociales, los hiperenlaces y la hipertextualidad en la publicación de contenidos Web, entre otras.

Los resultados de este estudio muestran que muchas instituciones ignoran estas estrategias de comunicación y siguen gestionando su presencia en la Red a través de sitios Web muy tradicionales donde no hay interacción con los visitantes. De otro lado, estas páginas cuentan con bajo posicionamiento en Internet; tienen escasa presencia de salas de prensa virtuales. Muy pocas instituciones ofrecen una visita virtual a sus exposiciones; no existe transparencia en la política de patrocinios y, el punto más preocupante es la ausencia de interacción real con el público; no existe una comunicación colaborativa.

Celaya, autor de estos artículos, concluye que en esta nueva era de la participación, los visitantes a los museos y centros culturales ya no quieren sólo recibir información, sino que quieren interactuar con las nuevas tecnologías, pasando a formar parte del proceso de informativo. La aplicación de las TICS en las estrategias de comunicación cultural debería ser clave para que la institución convirtiera sus Webs en puntos de intercambio informativo entre los públicos y los profesionales de la institución cultural. Es necesario fomentar la conversación, el intercambio de opinión y enlaces; es decir, una comunicación participativa.

Adicionalmente, hay que señalar que las nuevas tecnologías se han aplicado a los museos desde el concepto de información exclusivamente, sin apenas reflexionar sobre la esencia de las mismas y sobre los contenidos de dicha información y sus consecuencias. Si bien, en la experiencia ordinaria el ruido hace parte de la vida cotidiana al punto que nos hemos acostumbrado a éste y a establecer nexos causa-efecto con éste, en el espacio digital no se percibe dicho ruido, sino otro, el de las múltiples redes, nodos, hipertextos y espejos infinitos publicitarios, supuestamente globales, que no ayudan a construir la experiencia artística sino que más bien la abruman o la disuelven.

Celaya, en los artículos mencionados, insiste en que las TICS, en las instituciones culturales, deben tener como prioridad la real comunicación participativa y educativa con los distintos públicos. Insiste en atender al significativo porcentaje de lectores de medios digitales. Conocer, por ejemplo, las herramientas que ofrece la Web 2.0, permite superar la comunicación unilineal y vertical que siguen empleando todavía las instituciones culturales. Pienso que no debemos descartar estas nuevas tecnologías pero, también, es cierto que no todas las instituciones y los públicos tienen acceso a ellas. Debemos idear nuevas estrategias de comunicación y formación con nuestros visitantes mientras la “modernidad” llega a las instituciones museísticas.