La entrada irreversible de la revolución digital o cibernética en los museos suscita entusiasmo y temor, favorabilidad o resistencia a los cambios que conlleva. Sin caer en dicotomías excluyentes, comprender algunas potencialidades y limitaciones del empleo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en los museos nos permitirá, ajustar nuestras expectativas y emprender las transformaciones necesarias.

Los museos contemporáneos son instituciones culturales insertas en la sociedad, capaces de adaptarse a sus cambios, para los que nunca se estará enteramente preparado. Uno de los mayores retos que actualmente encaran los museos es la irrupción de las nuevas tecnologías [TICS], la transformación cibernética de sus labores, así como los nuevos procesos de democratización de la cultura. Por ello, la implementación de las TICS no es algo que pueda improvisarse.

Abierto así el debate, autores como Moreno (2007) sostiene que: “Las nuevas tecnologías de la Información y de la Comunicación facilitan la transparencia de ese conocimiento de manera que sea accesible a los públicos que se acercan al museo. Esta decodificación es un proceso complejo que puede incluir ruidos en la comunicación y primar distintas dimensiones de la misma e incluso, convertir la tecnología decodificadora en protagonista”.

A su turno, Munilla y Carreras (2002), aportan algunas ideas básicas con respecto al proceso de diseño, seguimiento y evaluación de algunas exposiciones investigadas por ellos.

– La inclusión de las TICS en los procesos de documentación y digitalización de las colecciones, organizando bases de datos documentales interrelacionadas permitirá, a mediano plazo, facilitar la gestión y la investigación de dichas colecciones por parte de profesionales, especialistas del patrimonio y público en general.

– La renovación de la catalogación de las colecciones y el acceso virtual de las mismas facilitará la consulta a distancia.

– Las exposiciones virtuales no sustituyen ni varían el contenido de las exposiciones presenciales, sino que las complementan y resuelven problemas tales como, aspectos físicos y disponibilidades que las presenciales no pueden solucionar.

Junto con esta evaluación de algunas experiencias, Munilla y Carreras nos presentan algunas premisas con que se desarrolló la cyber-museografía en estas exposiciones: (a) mantener el mismo discurso museográfico de la versión presencial y de la virtual, (b) los contenidos y medios para exponer los objetos y la documentación de la exposición se pueden cristalizar en tres productos: exposición presencial, virtual y el catálogo, (c) la exposición virtual no sustituye la presencial sino que la complementa, (d) la exposición virtual se entiende como una preparación anterior a la vista presencial y, como un recurso de consulta posterior a la visita a la muestra.

El aporte fundamental que las TICS hacen de inmediato a los museos es su decisivo impacto en la labor de difusión. Mediante el desarrollo de audiovisuales, programas interactivos, páginas Web, hipertextos, realidad virtual, entre otros, los museos tienen la posibilidad de abrirse a la sociedad y atraer a un público cada vez más amplio, numeroso y, cada vez más conocedor de las nuevas tecnologías.

Asimismo, las TICS son imprescindibles en la educación, una forma de comunicación cuyo fin es el aprendizaje. La aplicación de la didáctica a los recursos multimedia con el fin de crear y desarrollar las ideas más efectivamente; hacer posible el juego y adaptar al nuevo soporte numerosas disciplinas, como la sociología, la psicología, la oratoria, el diseño, puede ser cada vez más indispensable. Tampoco se desconoce aquí el apoyo a la investigación, evidente no sólo en una mejor y mayor recolección de datos, sino en proporcionarle al investigador muchos recorridos posibles, contextos, interpretaciones, sugiriéndole cuestionamientos no planteados aún.

Las nuevas tecnologías ofertan más vivacidad, expresividad y poseen por su naturaleza un potencial creativo a priori mayor que cualquier otro medio conocido antes de la revolución digital. Aparte de fusionar imagen y sonido, las TICS ofrecen la posibilidad de interacción con el espectador o usuario, lo que cualitativamente constituye un inestimable avance. Tal interactividad es ayuda pedagógica a la vez que abre posibilidades de diálogo. El individuo escoge, elige, toma su propio camino; puede avanzar, retroceder, subir, bajar, encender, apagar, y así casi hasta el infinito. Los programas informáticos son buena muestra de lo que es la interactividad, cada uno puede hacer sus propias creaciones o navegar de forma libre por donde se proponga. El usuario se adueña del tiempo, sumergiéndose una hora, minutos, días, segundos…